Creía que él me hacía bien y que era lo que me merecía. Me conformaba con que me quiera de a ratos, porque por lo menos alguien lo hacía. Alguien pensaba en mí.
Me acostumbré a ser "la mendiga del amor" porque otra no tenía: mis amigas eran el blanco en el boliche y yo era la amiga buena onda. Siempre me ponía un poco más atrás, sabía que los chicos que a mí me gustaban le daban bola a las 90-60-90 que yo no llegaba a ser.
Si daba la casualidad que alguno se fijaba en mí, me ponía nerviosa y me decía "¿Será verdad? ¿O una joda?" o tiraba la de "¿No te parece más linda mi amiga? Capaz viste mal".
Como ven, siempre fui RE segura de mí misma, hasta que un día, cambié de aire y me propuse quererme y ser yo. De ir al frente y chocarme teniendo el "no" en mi mano. De saber que "sobre gustos no hay nada escrito". De entender que "uno no puede obligar a que el otro lo quiera. Si no va, no va".
Y así fue como conocí personas muy distintas a las que ya venía acostumbrada. Una persona con la que podía charlar de cualquier cosa sin tener que sonar falsa o interesante, que siendo a mi manera le parecía hermosa, loca y divertida. Que aunque yo intentara preveer cada situación para no "cagarla" no me salía, porque siempre me sorprendía con algo nuevo para mí. Algo tan simple como estar horas acostados juntos, sin decir nada, sin tener noción del tiempo, sólos los dos, abrazándonos y besándonos como si no importara el mañana. Algo tan idiota como darte cuenta que alguien te escucha y se interesa por algo más que sólo lo físico. Que le importás por ser tan vos.
Después de ser consiente de todo eso que te perdiste, que no conocías y que creías que no era posible...te invito a superar esa felicidad de saber que vas por el buen camino.
"Y el que quiere Celeste..."
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