No puedo más con las ganas que tengo de verte otra vez. Estoy convenciéndome que ya es una obsesión estar pensándote cada día como si fuera el primero que te vi.
A simple vista no tenes nada que no tenga otro chico. En realidad, nada. No tenes nada en especial por lo que todas tengamos que caer a vos.
Pero lo que me distingue de las otras, es que te conocí más que bien, y gracias a eso, te considero una persona increíble y no puedo verte de otra manera por más que la espina siga clavada en mí.
Yo tampoco soy brillante. No tengo belleza superficial ni cuerpo esbelto. En realidad, nada. Entre miles de chicas elegiste estar conmigo y yo no caía que estábamos en el mundo real. Que vos me viste de verdad, como nadie. Que me diste el salvavidas en el punto máximo de hundimiento.
Pero no todos sentimos de verdad. Ni con el mismo amor. Ni del mismo tamaño.
Hoy las cartas están en la mesa. Quizás estuvimos jugando todo el tiempo al truco y yo no me di cuenta. Creyendo que tenías el ancho de espadas, me desilusioné con el cuatro de copas.
Ojo, a veces le acertábamos. La mayoría, le ganábamos la partida a cualquier adversario. Ni el truco ni la falta nos debilitaba.
Quizás yo estaba jugando otro juego. Quizás vos. O simplemente no supimos jugarlo.
Aposté todo. Hasta mi corazón, te digo! Me quedo tranquila igual. Lo hice por impulso pero cuando uno se arriesga, puede ganar o perder. No existe garantía de que ocurra lo contrario.
Cuando bajás a tierra y entendés que el juego no lo es todo, aunque te cuesta, dejas de hacerlo. Y cada tanto, como hoy, me dan ganas de empezar una nueva partida.
Hay que relajarse y pensar que existen otras cosas además de esto. Y que cuando sea el momento, vas a volver a manotear las cartas y repartir sin dolor. Sólo hay que saber esperar, sé que el tiempo me va a encontrar un nuevo compañero de juego.
"Y el que quiere Celeste..."
No hay comentarios:
Publicar un comentario