Ayer aprendí una lección más grande que una casa. Me tocó de cerca conocerme al 100%, expresarme cuando no encuentro palabras y sentir de la manera más real que me pasó alguna vez.
Me tocó vivir la desilusión de un sueño perfecto, el choque ideal con la realidad, (la mía y la tuya...).
¿Qué podemos hacer cuando tenemos ese nudo en la garganta que no nos deja respirar? Sacarlo afuera, ¿no? Es así que te dí todo de mí, para que tengas y guardes. Para que por fin sepas quién y cómo soy. Para pensar si es el momento y el lugar, o simplemente no tiene que ser.
Debemos estar en sintonías distintas, y no sabés lo mal que me hace esto ahora. Nuestros planteos que no llevan a ningún lado, porque nos dimos cuenta que no tiene sentido correrle al tiempo.
Te mostré mi más profundo llanto. Sí, nunca creí que una persona tan fría como yo te iba a demostrar lo mucho que deseaba que quisieras lo mismo.
Me puse así también porque me demostraste que por lo menos en ese momento, querías serme sincero y que no sufriera tanto.
Te agradezco los pasos que avancé gracias a vos, aprendí de mí y de vos, nos conocí y disfrute cada instante. Me duele TANTO que hoy no pueda ser, que hasta tu despedida me da ganas de volverte a ver aunque la balanza me pese más.
Necesito escribirlo porque sería un pecado olvidarme de todo lo lindo que vivimos, lo complicado e imposible, lo aventurero y fugaz.
"Y el que quiere Celeste..."
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