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sábado, 4 de junio de 2016

Sin caretas

Somos caretas.
Fingimos que no nos importan los comentarios ajenos. Llegamos a casa, nos encerramos en el cuarto y lloramos. Nos armamos un pequeño mundo en la cabeza recordando cada frase o palabra que nos dijeron, intentamos descubrir el "por qué" (aunque posiblemente no encontremos una buena razón) y nos imaginamos las mejores contestaciones a esos momentos en los que callamos o hablamos sin saber, o sin pensar.

Somos caretas.
Presumimos de las cosas, nos fijamos en lo del otro y queremos ser mejores en todo. Nos obsesiona la competencia, nos mata la envidia. A ella le regalaron el auto y vos con la SUBE en la mano. Igualmente, a "tu amiga" de la facu (en otras palabras, la flaca que de pedo te acordás el nombre y cada tanto le hablás para pedirle los apuntes ) le comentas en instagram que es "una bomba!" o "La semana que viene un paseo juntas amiga!"  como si por dentro no te pasara nada. "Envidia sana" le dicen...


Somos caretas.
Nos quejamos de que "el gordo está re pollerudo y no sale más desde que está con la novia" pero primer domingo de lluvia y somos todos candidatos a clavar helado, Titanic y rogar que alguien nos de bola.


Somos caretas.
En definitiva, de una u otra manera, nos encanta refregar en la cara nuestra felicidad cuando no nos damos cuenta que en realidad a nadie le importa. Que tus logros los celebran, sí. Pero esos son los que te quieren ver bien en serio, tu familia y amigos de verdad y no esos 1500 amigos que tenes en el Facebook.
 Si alguien quiere saber de vos, te va a buscar. Aunque estés perdido o muerto por dentro te va a acompañar hasta el final. Sabes que podes decirle o hacer cualquier cosa que va a estar ahí, firme como poste. Y sí, esas personas valen la pena, las que te ven como sos...sin caretas.


(Mi intención no es generalizar, sólo contar situaciones o experiencias propias.)

"Y el que quiere Celeste..."

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