¿Existirá alguien en este mundo que quiera escuchar lo que tengo para decir?
¿Que me apoye a querer ser mejor, que me quiera?
¿Que no le incomode estar horas y horas mirándonos sin decir nada, entendiendo todo?
¿Que cuando me enoje por una "joda" (como de costumbre) corra atrás mío para que se me pase con una sonrisa?
¿Que sea un amigo incondicional?
¿Que no le moleste que yo sea muy unida a mis hermanos, amigos y familia?
Pensamientos fugaces de una adolescente en busca del amor de la forma más pura, esa soy hoy...
"Y el que quiere Celeste..."
Te puede gustar o no, pero para mí es así. Tan claro como el agua... Celeste
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sábado, 18 de junio de 2016
domingo, 12 de junio de 2016
Cambiar es crecer
Me imagino que eso de volver es la pura depresión.
Es poner los pies sobre la tierra y pensar, como a diario, "lo bueno dura poco".
Es regresar, abrazar y besar lo que extrañabas, reencontrarte con tus viejas costumbres.
Es sentirte rara: capaz esas cosas que hacías antes, hoy ya no existen para vos.
Quizás le diste lugar a nuevos hábitos después de tanto tiempo lejos, o simplemente maduraste.
Cambiar no siempre es malo. A veces significa crecer.
Tenía que encontrarle el lado positivo a todo esto. Valorar las pequeñas cosas, y extrañar sobremanera otras.
Y es el momento de la decisión final: ¿Qué es lo que realmente quiero para mi vida? ¿Qué me hace feliz realmente?
Muchas veces nos vemos condicionados a saltar del trampolín por miedo, por lazos afectivos, por la distancia. Queremos queremos y no hacemos. Seguimos la rutina, nos quedamos cómodos.
Hay un grupo bien bien chico, que se arriesga y patea el tablero. Te puede salir bien o mal, sí. Lo más lindo es que en esos momentos, si querés tirar la toalla sabés que podes hacerlo: tu familia, amigos y rutina van a seguir ahí, donde estuvieron siempre.
Nadie te puede decir lo que tenés que hacer. En vos vas a poder confiar siempre. Voluntad y curiosidad. Riesgo y desafío. Eso es todo.
"Y el que quiere Celeste..."
Es poner los pies sobre la tierra y pensar, como a diario, "lo bueno dura poco".
Es regresar, abrazar y besar lo que extrañabas, reencontrarte con tus viejas costumbres.
Es sentirte rara: capaz esas cosas que hacías antes, hoy ya no existen para vos.
Quizás le diste lugar a nuevos hábitos después de tanto tiempo lejos, o simplemente maduraste.
Cambiar no siempre es malo. A veces significa crecer.
Tenía que encontrarle el lado positivo a todo esto. Valorar las pequeñas cosas, y extrañar sobremanera otras.
Y es el momento de la decisión final: ¿Qué es lo que realmente quiero para mi vida? ¿Qué me hace feliz realmente?
Muchas veces nos vemos condicionados a saltar del trampolín por miedo, por lazos afectivos, por la distancia. Queremos queremos y no hacemos. Seguimos la rutina, nos quedamos cómodos.
Hay un grupo bien bien chico, que se arriesga y patea el tablero. Te puede salir bien o mal, sí. Lo más lindo es que en esos momentos, si querés tirar la toalla sabés que podes hacerlo: tu familia, amigos y rutina van a seguir ahí, donde estuvieron siempre.
Nadie te puede decir lo que tenés que hacer. En vos vas a poder confiar siempre. Voluntad y curiosidad. Riesgo y desafío. Eso es todo.
"Y el que quiere Celeste..."
sábado, 4 de junio de 2016
Sin caretas
Somos caretas.
Fingimos que no nos importan los comentarios ajenos. Llegamos a casa, nos encerramos en el cuarto y lloramos. Nos armamos un pequeño mundo en la cabeza recordando cada frase o palabra que nos dijeron, intentamos descubrir el "por qué" (aunque posiblemente no encontremos una buena razón) y nos imaginamos las mejores contestaciones a esos momentos en los que callamos o hablamos sin saber, o sin pensar.
Somos caretas.
Presumimos de las cosas, nos fijamos en lo del otro y queremos ser mejores en todo. Nos obsesiona la competencia, nos mata la envidia. A ella le regalaron el auto y vos con la SUBE en la mano. Igualmente, a "tu amiga" de la facu (en otras palabras, la flaca que de pedo te acordás el nombre y cada tanto le hablás para pedirle los apuntes ) le comentas en instagram que es "una bomba!" o "La semana que viene un paseo juntas amiga!" como si por dentro no te pasara nada. "Envidia sana" le dicen...
Somos caretas.
Nos quejamos de que "el gordo está re pollerudo y no sale más desde que está con la novia" pero primer domingo de lluvia y somos todos candidatos a clavar helado, Titanic y rogar que alguien nos de bola.
Somos caretas.
En definitiva, de una u otra manera, nos encanta refregar en la cara nuestra felicidad cuando no nos damos cuenta que en realidad a nadie le importa. Que tus logros los celebran, sí. Pero esos son los que te quieren ver bien en serio, tu familia y amigos de verdad y no esos 1500 amigos que tenes en el Facebook.
Si alguien quiere saber de vos, te va a buscar. Aunque estés perdido o muerto por dentro te va a acompañar hasta el final. Sabes que podes decirle o hacer cualquier cosa que va a estar ahí, firme como poste. Y sí, esas personas valen la pena, las que te ven como sos...sin caretas.
(Mi intención no es generalizar, sólo contar situaciones o experiencias propias.)
"Y el que quiere Celeste..."
Fingimos que no nos importan los comentarios ajenos. Llegamos a casa, nos encerramos en el cuarto y lloramos. Nos armamos un pequeño mundo en la cabeza recordando cada frase o palabra que nos dijeron, intentamos descubrir el "por qué" (aunque posiblemente no encontremos una buena razón) y nos imaginamos las mejores contestaciones a esos momentos en los que callamos o hablamos sin saber, o sin pensar.
Somos caretas.
Presumimos de las cosas, nos fijamos en lo del otro y queremos ser mejores en todo. Nos obsesiona la competencia, nos mata la envidia. A ella le regalaron el auto y vos con la SUBE en la mano. Igualmente, a "tu amiga" de la facu (en otras palabras, la flaca que de pedo te acordás el nombre y cada tanto le hablás para pedirle los apuntes ) le comentas en instagram que es "una bomba!" o "La semana que viene un paseo juntas amiga!" como si por dentro no te pasara nada. "Envidia sana" le dicen...
Somos caretas.
Nos quejamos de que "el gordo está re pollerudo y no sale más desde que está con la novia" pero primer domingo de lluvia y somos todos candidatos a clavar helado, Titanic y rogar que alguien nos de bola.
Somos caretas.
En definitiva, de una u otra manera, nos encanta refregar en la cara nuestra felicidad cuando no nos damos cuenta que en realidad a nadie le importa. Que tus logros los celebran, sí. Pero esos son los que te quieren ver bien en serio, tu familia y amigos de verdad y no esos 1500 amigos que tenes en el Facebook.
Si alguien quiere saber de vos, te va a buscar. Aunque estés perdido o muerto por dentro te va a acompañar hasta el final. Sabes que podes decirle o hacer cualquier cosa que va a estar ahí, firme como poste. Y sí, esas personas valen la pena, las que te ven como sos...sin caretas.
(Mi intención no es generalizar, sólo contar situaciones o experiencias propias.)
"Y el que quiere Celeste..."
Hoy
Hoy me siento perdida.
No sé a dónde voy, ni qué quiero. Me cuesta elegir, decidirme.
Hoy me cuesta dar "el paso".
Decidir si lo que tengo en mente va a ser positivo o sólo me va a trae desilusiones.
Hoy, lo que ayer creía imposible, se dio.
Sí, no me lo esperaba y me sorprendí. Esta vez no quiero fallar.
Hoy entendí que de un día para el otro todo puede cambiar.
A veces, sólo con decir una palabra o actuando de cierta manera podemos crear un millón de situaciones distintas: enfrentarnos a lo que no inesperado, escaparnos de lo que nos asusta o entregarnos a que suceda.
El mareo de indecisiones justifica mis miedos. Puede pasar, de vez en cuando me lo permito. Es necesario, saludable, esclarecedor.
Y me dejo llevar con lo que escribo pero de repente la ansiedad de arreglar lo que está roto dentro mío me dice que deje de hacerlo para no maquinar más con él tema.
Diario, si te escribo de nuevo es porque pasé la prueba...
"Y el que quiere Celeste..."
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