Hoy: Augusto e Isabella
Dos niños nacidos en familias totalmente distintas: Augusto Habib , el tercero de siete hijos de la realeza árabe, de tez oscura y dueño de una sonrisa encantadora, se encontraba con 20 años cuando el amor tocó su puerta. Bah, eso es un decir ya que sus padres querían lo mejor para él pero en aquella época todo se manejaba por intereses y eran ellos mismos quienés les elegían pareja a sus adorados príncipes.
Irlanda, hija menor de amigos de los Habib, también de alto nivel, (es más, de un poco mejor posición que ellos), era la elegida para enamorar el corazón de Augusto.
Luego de conocerse, Irlanda y Augusto "pegaron muy buena onda" al punto de querer casarse lo antes posible. Lo que aquel joven tan apuesto no tuvo en cuenta, es que ella no sólo lo quería sino que estaba obsesionada con él: lo perseguía y le hacía planteos que le parecían totalmente innecesarios.
Al tener apenas 16 años de edad, Augusto se dio cuenta que esa
muchacha no le pertenecía porque era demasiado infantil, y, si bien sus padres la querían, tuvieron que aceptar la decisión de su ruptura.
Así fue como Augusto decidió alejarse de" todo y todos" con su familia y se tomó unas vacaciones en un pueblo alejado de su ciudad donde tenían parientes que veían cada cinco años debido a las exigencias de su mandato.
Allí, se reencontró después de tanto tiempo con Isabella y Marianella, hijas del gobernador del pueblo y pariente, Don Francisco.
Apenas se vieron, Augusto intentó mantener esos modales que le habían enseñado toda la vida, además de cargar con la reciente separación aunque eso no pudo lograrlo, ya que poco a poco, Augusto recordaba con nostalgia los momentos en los que se divertía con las hermanas y lo mucho que quería a Isabella de pequeño. Tanto era ese amor oculto que se tenían, que a lo largo de los días no aguantaba las ganas de besarla, quien sin ni un poco de timidez se sentía totalmente dispuesta a seguirle su juego.
Ella estaba soltera y su padre era muy distinto a los Habib. Él creía que el amor se siente o no: imposible es forzar a que dos personas se amen y mucho menos por el amor al imperio (que claro, ninguno iba a aceptar aquella verdad) y si a su hija le gustaba Augusto, por más que fueran parientes, ella podría ser, incluso, más feliz con él que con cualquiera. Don Francisco sabía muy bien de quién se trataba y por eso confiaba tanto en ese muchacho. Era respetuoso con todos, buena persona, compañero y un gran artista, lo que sorprendió a quiénes no lo sabían, claro.
Lo cierto es (volviendo a Isabella) que no se contuvo ni un minuto, y toda su impulsividad y sensualidad eran llamaradas de fuego en el corazón y orgullo de Augusto. Estaba entre el deber y el querer. Era una cascada de indirectas entre ambos, sabían perfectamente que esas miradas se cruzaron para ser siempre "ellos"...pero finalmente el se resistió por sus ideales, porque creyó que en ese momento era lo correcto apartarse y reflexionar sobre sus confusiones.
Por ahora existe ese amor oculto que sólo saldrá a la luz si ambos tienen el coraje de jugarse por lo que sienten más allá de sus costumbres, sus padres, Irlanda y todo lo que los rodee. Mientras tanto ese amor es un silencio que ninguno de los dos se anima a pronunciar (pero que está a la vista de todos).
"Y el que quiere Celeste..."
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